
El escenario energético en el mundo moderno muestra una creciente preocupación para atender los requerimientos de una demanda creciente, en el marco de una crisis medioambiental altamente significativa, en consonancia con recursos cada vez más escasos.
Se nos presenta, así, un desafío de enorme magnitud en el intento de equilibrar las necesidades actuales y el logro de modelos socioeconómicos sustentables en el mediano y largo plazo.
No escapa al conocimiento general que tal preocupación es objeto de políticas internacionales tendientes a la apropiación del concepto de eficiencia energética en cada una de nuestras culturas, intentando migrar nuestros actuales hábitos de consumo energético hacia nuevos y novedosos hábitos eficientes en tal sentido.
En nuestro país, particularmente, lo expresado precedentemente se ve agravado por una falta de infraestructura adecuada para abastecer la creciente demanda de energía (generación, transporte y distribución de electricidad, provisión de combustibles alternativos) y un horizonte energético incierto en materia tarifaria.
A su vez, desde el sector privado, se evidencian procesos ineficientes de control del consumo energético.
De este modo, y ante la necesidad de recuperar los atrasos, el gobierno nacional ha intentado detener la crisis energética aplicando medidas para desalentar el consumo no racional de energía mediante penalidades al consumo y/o estableciendo bases reglamentarias para promover, a través de determinadas condiciones de abastecimiento y señales económicas, el aumento de la capacidad de generación firme y/o de reducción genuina de consumos por parte del sector privado.
El probable escenario energético para los próximos años indica que se mantendrán parcial y/o totalmente las penalidades (Puree, Res. 1281, etc.), que existirán posibles restricciones energéticas y/o desabastecimiento ante picos de demanda, y, muy probablemente, un reacomodamiento del cuadro tarifario para llevar el costo de la energía a valores de mercado.
Ante este panorama, que en el mundo entero exige acciones concretas de responsabilidad social empresaria, considerando además las amenazas ciertas de tener que absorber mayores costos de la energía y/o pérdidas por faltantes de energía, que llevarán a muchas empresas a tener problemas de competitividad, solo nos queda atacar la cuestión energética en todas sus dimensiones, aplicando medidas de Uso Racional de la Energía y de Eficiencia Energética.
Entendemos que podemos colaborar en el proceso de toma de conciencia, capacitación e implementación de un programa que permita pasar de las intenciones a la acción concreta, en el abordaje integral de la problemática.
Al cabo de las 2 medias jornadas de capacitación, los participantes habrán obtenido una acabada información respecto de la situación energética actual, de la necesidad de ser eficientes energéticamente y de las ventajas y oportunidades que ello representa, de la forma de implementación de un programa de eficiencia energética y de la implantación de la eficiencia energética como valor cultural.
Es objetivo primordial del seminario que el mismo no solo importe la toma de conciencia y la capacitación sino también, y fundamentalmente, la recepción de ideas de acción directa e inmediata en la materia.