En búsqueda de la inteligencia colectiva.
Argentina es una República que debe merecer ser bienvivida. Su gente posee individualmente una riqueza excepcional. Paralelamente, es imprescindible refundar una inteligencia colectiva, sólida y generalizada, que nos permita consolidar un clima de convivencia superador. Apoyados en nuestra carencia de conflictos entre credos, razas o nacionalidades; construyendo una inteligente inserción en la nueva aldea: el mundo. La escuela en serio, el lugar de trabajo y la retribución adecuados, el honrado manejo de la cosa pública, la transparencia y permanente rendición de cuentas, así como la atención integral de la salud y de la nutrición de nuestros habitantes, son quizás los senderos inequívocos para llegar con dignidad al bicentenario, para lo cual se requiere una sólida actitud de inteligencia colectiva.
Rechazo definitivo a todas las formas de violencia.
Ningún emprendimiento integral de mejora, público o privado, será factible sin el reemplazo de toda forma de violencia (oral, escrita, física, gestual) por la implementación concreta de actitudes y conductas fundadas en la concordia, la paz y el diálogo. La violencia ya no puede ser tolerada o condenada en función del segmento que la origina. Los retazos de comportamientos anárquicos, que sufrimos todos los días, hacen imprescindible un replanteo profundo de nuestro ser nacional colectivo. Concretamente: los métodos pacíficos y no los violentos (que fisuran y fracturan) son el único camino para abandonar la Argentina de los unos ó los otros, para conformar la de los unos y los otros. El diálogo como tal, debe ser franco, sincero, enfocado con enorme capacidad para escuchar y dispuesto a encontrar acuerdos y llevarlos a la concreción inmediata... de lo contrario se convierte en un mero ejercicio verbal sin valor agregado.
La deuda interna de todas las dirigencias con el hombre común.
La dirigencia argentina, política, sindical, empresaria, y la sociedad civil toda, debieran consensuar las políticas de Estado que no serán motivo de disputa política alguna. Modificar el cortoplacismo en el cual nos sumergimos debido a la acumulación de crisis que vienen muy de antaño. La anticipación y prevención deben alumbrar sólidos programas en el mediano y el largo plazo que sean verdaderos generadores de progreso. Dirigir, es también planificar y no correr más desde atrás para “zurcir” nuestras carencias. Nuestro sufrido “hombre común”, merece horizontes claros, y clama por un futuro desmalezado de permanentes sorpresas y sobresaltos. Las políticas públicas, fundamentales, debieran ser motivo de acuerdos supra-gubernamentales, para que las mismas trasciendan en el tiempo. Las oportunidades se agotan. Las crisis permanentes devienen inevitablemente en decadencia. El escenario argentino merece el mejor de los destinos. Las dirigencias… Tienen la acción más que la palabra...
La seguridad de la vida de las personas.
La autoridad sin autoritarismo, el ordenamiento cívico y el respeto equilibrados, son valores que nos ayudarán a encontrar el buen camino. Restaurar el orden público, dentro de la ley y las normas, fortaleciendo el concepto que el supremo bien jurídico a proteger, es precisamente la vida de las personas. El derecho a la vida, priva sobre todos los demás. La seguridad que nos haga terminar con el vivir alerta, así cómo la reducción drástica de las vidas perdidas en el tránsito, son temas cuyo mejoramiento integral se ha convertido en un clamor generalizado ante el deterioro que significan para la calidad de vida. Inmensas cuotas de dosis, balanceo, sensatez, convicción y equilibrio, puestos a disposición por toda la dirigencia argentina, serán necesarios para gestionar rápida y significativamente estos flagelos de hoy producto de los errores del ayer. Los tiempos se han agotado también en esta área fundamental. Mañana es hoy.
La comunicación sana y las profecías autocumplidas positivas.
La calidad en las comunicaciones y la transparencia tendrán el rol vital de sedimentar de confianza los acuerdos y los consensos. El respeto a la verdad y el reemplazo total de la declamación por la acción, son actitudes que la gente está aguardando. Por nuestros jóvenes, es necesario desempolvar el optimismo, poniéndolo al servicio de la credulidad, posibilitando que sean positivas las profecías autocumplidas. La noción de futuro sólo es concebible si se supera el escepticismo necrosante.
La imagen de país. Nuestra inserción en el mundo.
Fuera de nuestras fronteras, el valor “intangible” país importa, y mucho. La “marca país” es un concepto que se construye todos los días. Hoy nos respetan por nuestros talentos deportivos, científicos, literarios, musicales, y artísticos en general. Nos queda mejorar el ser reconocidos de manera permanente por nuestras instituciones, nuestra estabilidad y la coherencia y estabilidad de las reglas de juego. Una relación equilibrada y racional con todas las geografías, debe privilegiarse sobre las oscilaciones de amores-odios específicos que no nos han hecho bien en el pasado. La inserción en el mundo, pasa por alinearse primero con la propia Argentina, coherente y consistentemente, en perfecta conciencia del universo que nos rodea.
Cicatrizar, cerrar heridas. Construir puentes. Justicia.
Es hora de cerrar heridas con la debida justicia equitativa. Que la igualdad ante la ley nos encuentre a todos arrodillados ante ella respetándola cual majestad suprema. Son tiempos de reemplazar los sentimientos negativos por el respeto creciente y los consensos, subordinando todos los intereses particulares al bien común. Reiteramos: la necesidad del pleno funcionamiento de una sana justicia, aplicable a todos por igual, será factor fundamental en el proceso de reconciliación y concordia definitiva.
Instituciones. La lucha sin cuartel contra la pobreza. La Educación. LA SALUD.
Toda la dirigencia, privada y pública, debe comprometerse a mantener la vigencia de instituciones inquebrantables. Que existan y que además funcionen en tiempo y forma. La lucha contra la pobreza, atendiendo especialmente la salud y la nutrición, es un proceso titánico e integral. El mismo, incorporado al diario quehacer de todas las dirigencias, articulado en todos los órdenes, y superador en su consistencia de la sumatoria algebraica de eventos. El trabajo para dignificar al hombre y la retribución adecuada, conjuntamente con la educación permanente, así como el tema de la salud y la nutrición, son las tres políticas públicas que encabezan cualquier programa a llevar a cabo. La cultura del esfuerzo y del trabajo requieren solidaridad, grandeza y transpiración... de todos. Sencillamente es imposible la acción de reclamar únicamente... ha llegado, desde hace mucho tiempo, la hora de trabajar en serio, para uno, para los demás y para el país.
Reafirmación de la vigencia de la República y el estado de derecho.
La estabilidad de la normativa. El ejercicio efectivo y real de los tres poderes. La reconstrucción de partidos políticos sanos. La mejora de los tiempos para administrar justicia y poner en vigencia las leyes. La subordinación a la necesaria rotación en el poder sin nuevas enmiendas a la ley fundamental, provincial o nacional. Revitalizar maneras, modos, costumbres y estilos refundantes, que nos hagan recuperar definitivamente el orgullo y el afecto recíproco de ser argentinos. Sin Instituciones sólidas no hay Nación. Todos los grupos de interés y factores de poder, de cualquier naturaleza, deben subordinarse y subsumirse en el interés Nacional. Los tiempos importan. La vigencia profunda de la República es una condición sin la cual no seremos.
Jerarquización de la política. La apertura a los más probos.
La idoneidad, la honradez en la administración de los bienes del Estado, la capacidad para anudar acuerdos públicos y sensatos que hagan a la gobernabilidad sustentable, recreando condiciones para facilitar el acceso de los más probos y capaces para el manejo de la cosa pública, son la verdadera alternativa. El aspecto agonal de la política debiera guardar una proporción prudente con la invertida en la gestión gubernamental efectiva. La adopción por parte de las dirigencias, de sabias maneras, estilos, conductas, y actitudes, forma, indefectiblemente, parte de la impostergable jerarquización de la política. Utópico todo ésto? Puede ser, pero la ausencia de concretar utopías es también origen de nuestras crisis intermitentes. Precisamente, las utopías comienzan a transformarse en realidad... cuando pasan a ser la única salida! Como empezamos: Paz, Concordia y Reconstrucción, para todos. Apodérese de su cuota de responsabilidad en este proceso.